La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos entró en una nueva fase de escalada luego de que Donald Trump afirmara que quiere influir en la elección del próximo líder supremo iraní. Mientras Washington promete elevar su presión militar y Teherán amplía sus represalias en varios frentes, el conflicto ya afecta rutas energéticas, tráfico aéreo y la seguridad de buena parte de Medio Oriente.
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- Donald Trump dijo que quiere participar en la designación del próximo líder de Irán y descartó a Mojtaba Khamenei como sucesor.
- EE. UU. e Israel intensificaron sus ataques sobre Irán, mientras Teherán respondió con misiles, drones y acciones en varios países de la región.
- El conflicto ya deja al menos 1.230 muertos en Irán, más de 120 en Líbano, alrededor de una docena en Israel y seis soldados estadounidenses fallecidos.
La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos siguió intensificándose este jueves con nuevas declaraciones de Donald Trump, una ampliación de los ataques militares y un saldo humano y regional cada vez más grave. El presidente estadounidense afirmó que debería participar en la elección del próximo líder supremo iraní, en momentos en que la confrontación entra en su sexto día y empieza a proyectarse más allá del objetivo militar inmediato.
El comentario añade una dimensión política de alto voltaje a un conflicto que ya había golpeado infraestructura militar, barcos, bases, refinerías, rutas de aviación y el mercado petrolero. También reabre la pregunta sobre si Washington y Tel Aviv buscan solo modificar la conducta de la República Islámica o si persiguen un rediseño completo del poder en Teherán.
En términos regionales, la guerra ya afecta al menos a 14 países de Medio Oriente y zonas cercanas, según el reporte citado por Associated Press. A medida que aumentan los frentes, también crece la presión sobre los mercados energéticos globales, dado que parte de los incidentes se han concentrado en el Golfo de Omán y el Estrecho de Ormuz, paso clave para cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
El saldo preliminar informado por autoridades de distintos países muestra al menos 1.230 muertos en Irán, más de 120 en Líbano, alrededor de una docena en Israel y seis soldados estadounidenses fallecidos. La cifra confirma que el conflicto ya no puede describirse como una operación limitada o contenida.
Trump eleva el tono sobre el futuro político de Irán
Durante breves declaraciones en la Casa Blanca, Trump volvió a instar al pueblo iraní a “ayudar a recuperar su país”. Esta vez agregó una promesa de “inmunidad” para los iraníes en medio de la guerra y de los peligros asociados al régimen actual, aunque no explicó en qué consistiría esa protección ni cómo sería aplicada.
“Así que estarán perfectamente seguros con total inmunidad”, dijo Trump. Luego añadió una advertencia extrema: “O enfrentarán la muerte absolutamente garantizada”. El lenguaje marcó un tono más duro que en intervenciones anteriores y fue acompañado por mensajes que sugieren una mayor implicación estadounidense en el futuro político iraní.
En una entrevista con Axios, Trump ridiculizó a Mojtaba Khamenei, de 56 años, señalado como favorito para reemplazar a su padre, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió en los ataques iniciales de la guerra. El mandatario lo describió como “un peso ligero” y sostuvo que Washington quiere “a alguien que traiga armonía y paz a Irán”.
Trump fue incluso más allá al afirmar: “Tengo que estar involucrado en la designación, como con Delcy en Venezuela”. La referencia aludió al escenario venezolano descrito por el propio mandatario, según el cual Delcy Rodríguez asumió el poder en enero después de que una operación militar estadounidense capturara a Nicolás Maduro y lo trasladara a EE. UU. para enfrentar cargos federales de conspiración por drogas.
Washington y Tel Aviv anuncian más presión militar
Mientras crecía la controversia por las declaraciones políticas de Trump, el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, advirtió que la capacidad militar estadounidense sobre Teherán estaba “a punto de aumentar dramáticamente”. Sus palabras apuntan a una expansión operativa sostenida y no a una pausa en el corto plazo.
Hegseth habló desde el Comando Central de EE. UU., responsable de las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente. Allí indicó que el refuerzo incluiría más escuadrones de combate, más capacidades defensivas y “más oleadas de bombarderos con más frecuencia”. No detalló objetivos concretos ni calendarios, pero dejó claro que la campaña seguirá profundizándose.
El almirante Brad Cooper, jefe del mismo comando, afirmó que las fuerzas estadounidenses han hundido más de 30 barcos iraníes. Entre ellos mencionó un buque portador de drones “aproximadamente del tamaño de un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial”.
Por su parte, el ejército estadounidense informó temprano el viernes que otro transportador de drones iraní había sido atacado y prendido fuego. El mensaje del Comando Central incluyó imágenes en blanco y negro que mostraban el barco en llamas tras múltiples impactos. Irán no reconoció de inmediato ese ataque.
En paralelo, Israel sostuvo que las oleadas de bombardeos ya destruyeron el 80% de las defensas aéreas iraníes y el 60% de sus lanzadores de misiles. Aun así, el teniente general Eyal Zamir advirtió que “la amenaza aún no ha sido eliminada”, lo que sugiere que la campaña militar israelí seguirá activa.
Irán niega negociaciones y denuncia ataques en el mar
Teherán rechazó la versión de Trump de que estaría buscando conversaciones con Washington para poner fin a la guerra. El embajador de Irán en Egipto, Mojtaba Ferdousi Pour, dijo que esa afirmación es falsa y remarcó que la falta de confianza hace inviable cualquier compromiso tras el colapso de dos rondas previas de conversaciones sobre un eventual acuerdo nuclear.
“No habrá confianza en Trump”, dijo Ferdousi Pour. Esa declaración resume el nivel de ruptura diplomática alcanzado entre ambas partes, en un momento en que la vía militar domina completamente la escena.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, acusó además a la Marina de EE. UU. de cometer “una atrocidad en el mar” por hundir la fragata iraní IRIS Dena en el Océano Índico. Según su versión, el hecho dejó al menos 87 muertos.
La embarcación regresaba de un ejercicio organizado por la marina india, en el que también participó EE. UU. Autoridades de Sri Lanka dijeron que 32 tripulantes fueron rescatados, mientras Araghchi afirmó que el buque transportaba “casi 130” personas. Sri Lanka también informó que más de 200 marineros a bordo de otro barco de guerra iraní cerca de su costa estaban siendo escoltados a una base naval fuera de Colombo.
La tensión verbal también escaló dentro de Irán. Un clérigo iraní pidió por televisión estatal el derramamiento de sangre de israelíes y “la sangre de Trump”. La declaración del ayatolá Abdollah Javadi Amoli fue descrita como una rara convocatoria pública a la violencia proveniente de una figura de ese rango dentro del islam chiita.
La guerra se expande por el Golfo, Azerbaiyán y Líbano
Los países del Golfo reportaron nuevos incidentes relacionados con misiles y drones iraníes. El Departamento de Estado de EE. UU. anunció el cierre de la embajada estadounidense en Kuwait, que activó sistemas de defensa aérea ante misiles entrantes. Irán ha disparado oleadas de misiles y drones contra ese país, donde un ataque con drones ocurrido el domingo mató a seis soldados estadounidenses.
En Emiratos Árabes Unidos, un dron fue derribado cerca de la base aérea de Al Dhafra, que alberga fuerzas estadounidenses. Las autoridades indicaron que la metralla hirió a varias personas. Qatar evacuó a residentes cerca de la embajada de EE. UU. en Doha como medida temporal y después reportó un ataque con misiles.
Arabia Saudita dijo haber destruido un dron en una provincia fronteriza con Jordania. Bahréin, por su parte, informó que un misil iraní impactó una refinería estatal y provocó un incendio que luego fue extinguido sin que se reportaran víctimas.
Azerbaiyán acusó a Irán de “un acto de terror y agresión sin fundamento” luego de que un dron se estrellara cerca de un aeropuerto y dejara cuatro trabajadores civiles heridos. Otro dron cayó cerca de una escuela. Teherán negó haber lanzado drones hacia territorio azerí y también volvió a negar que apunte deliberadamente a infraestructura petrolera u otros objetivos civiles.
En Líbano, Israel emitió una advertencia de evacuación masiva para los suburbios del sur de Beirut antes de lanzar nuevos ataques. El ejército instó a los residentes a “salvar sus vidas y evacuar sus hogares de inmediato”. Dos hospitales evacuaron pacientes y personal.
El Ministerio de Salud de Líbano dijo que el número de muertos ascendió a 123 desde el reinicio de las hostilidades con Hezbollah, grupo aliado de Irán que atacó a Israel en los primeros días de la guerra. Un portavoz de la fuerza de paz de la ONU en el sur de Líbano, Tilak Pokharel, indicó que los cascos azules vieron y escucharon enfrentamientos, incluidos combates terrestres, a medida que más tropas israelíes cruzaban la frontera.
Impacto sobre petróleo, transporte y política interna de EE. UU.
Los ataques en el Golfo de Omán y en el Estrecho de Ormuz elevaron aún más la preocupación de los mercados. Ese corredor mueve aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier interrupción tiene impacto directo sobre los precios del crudo y sobre las expectativas financieras globales.
De hecho, el conflicto ya provocó un alza en los precios del petróleo y una caída en las acciones de EE. UU. Además, la expansión de los ataques ha complicado el tráfico aéreo internacional, otro factor que amplifica el costo económico de la crisis.
En el frente interno, Trump logró respaldo suficiente entre legisladores republicanos en la Cámara de Representantes para derrotar una resolución que buscaba detener el bombardeo sobre Irán. El Senado había rechazado una medida similar un día antes. Ese resultado fortalece la continuidad de la operación militar desde el punto de vista político en Washington.
Con ese apoyo, la Casa Blanca enfrenta menos obstáculos inmediatos para mantener la campaña. Sin embargo, la combinación de guerra regional, cambios de liderazgo sugeridos desde el exterior y presión sobre rutas energéticas globales plantea un escenario muy abierto, con efectos potenciales tanto sobre la seguridad internacional como sobre los mercados.
Según el reporte de Associated Press, la guerra ya avanza sin una definición clara sobre su punto final ni sobre el objetivo político real de las partes. Ese es, precisamente, el elemento que más inquieta a gobiernos, inversionistas y analistas: una escalada militar intensa, multinodal y todavía sin marco de salida visible.
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