Por Canuto  

El nuevo presupuesto fiscal 2027 de la Casa Blanca plantea un fuerte aumento del gasto, sobre todo en defensa, apoyado en proyecciones de crecimiento, tasas e ingresos que varios analistas consideran poco realistas. La combinación ha reactivado las alertas sobre el déficit, la deuda federal y el riesgo de un choque en el mercado de bonos de Estados Unidos.
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  • La propuesta eleva el gasto en defensa en 42% y suma más de USD $4,5 billones en nuevos desembolsos durante la próxima década.
  • La Casa Blanca sostiene que el impacto se compensará con USD $7,8 billones en mayores ingresos, menores tasas e importantes recortes, pero expertos cuestionan esos supuestos.
  • Analistas advierten que, si los ahorros no se materializan, los déficits anuales podrían superar USD $4 billones en 2036 y la deuda subir hasta 137% del PIB.


El panorama fiscal de Estados Unidos volvió a endurecerse tras la publicación del Budget of the U.S. Government for Fiscal Year 2027, el documento preparado por la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca. Aunque los presupuestos presidenciales suelen incluir una mirada amplia sobre gasto, ingresos, deuda y déficits, esta edición llamó la atención por su enfoque limitado y por los supuestos optimistas que sostienen sus cuentas.

Según la evaluación citada por Fortune, el texto pide fuertes aumentos del gasto, en especial para defensa, y confía en que el costo será absorbido por un crecimiento económico elevado, ingresos adicionales y recortes en otras partidas. El problema es que, si esas proyecciones no se cumplen, el país podría acercarse más a un escenario de tensión fiscal agravado por el pago de intereses de la deuda.

Para los mercados, este punto no es menor. Cuando los inversionistas perciben que el déficit y la deuda pueden crecer más rápido de lo esperado, tienden a exigir mayores rendimientos para mantener bonos del Tesoro. Ese movimiento eleva el costo de financiamiento del gobierno y puede generar un círculo de deterioro fiscal, algo que hoy preocupa tanto a economistas como a observadores del mercado de capitales.

El documento del año fiscal 2027, que comienza el 1 de octubre de 2026, casi no aborda de forma directa ese cuadro general. En sus 92 páginas no menciona la deuda federal ni los déficits, y tampoco entra en detalle sobre Medicare y Medicaid, pese a ser piezas centrales del presupuesto estadounidense a largo plazo.

Un presupuesto enfocado en defensa y proyecciones favorables

La Casa Blanca concentra buena parte de su propuesta en dos grandes áreas. La primera es el gasto discrecional, donde el presidente Donald Trump solicita un gran incremento para el Departamento de Guerra mientras propone recortes en el gasto discrecional no relacionado con defensa, conocido como NDD. La segunda son las proyecciones de variables clave como el PIB y las tasas de interés, factores que influyen directamente sobre ingresos, déficits y servicio de deuda.

El incremento en defensa es especialmente marcado. El plan contempla un salto de 42% para el año fiscal 2027, desde USD $950.000 millones hasta USD $1,5 billones, además de otros USD $251.000 millones añadidos a la base anual. En conjunto, esa partida quedaría USD $3,5 billones por encima de la línea base actual de la Congressional Budget Office entre los años fiscales 2026 y 2036.

A eso se suman cerca de USD $900.000 millones en otras iniciativas menores no vinculadas con defensa. Así, el aumento total del gasto propuesto supera USD $4,5 billones para la próxima década. El presupuesto también plantea recortes de USD $805.000 millones en otras categorías NDD, lo que dejaría un incremento neto de desembolsos de USD $3,62 billones.

Sobre el papel, la administración sostiene que esa expansión sería manejable. El documento proyecta que los ingresos totales serán USD $7,8 billones superiores a los estimados por la CBO en el mismo período. Como déficits menores implicarían menor carga financiera, también calcula un ahorro de USD $2,54 billones en pagos por intereses, lo que elevaría el alivio fiscal total a USD $10,3 billones.

Con esas cifras, la conclusión oficial es positiva: aunque el gasto aumentaría USD $3,62 billones, los déficits acumulados hasta 2036 caerían en unos USD $6,7 billones. A partir de números incluidos en un anexo, el Committee for a Responsible Federal Budget dedujo además que, bajo la visión de la Casa Blanca, la deuda pública caería a 94% del PIB para 2036, lejos del 120% proyectado por la CBO.

El punto crítico: crecimiento, recortes y tasas difíciles de creer

La principal crítica no se centra en la aritmética, sino en la plausibilidad de los supuestos. Para explicar casi USD $8 billones adicionales en ingresos, la OMB proyecta que el PIB crecerá a una tasa anual de 3,0%. Ese nivel supera con amplitud los pronósticos de largo plazo de la CBO y de la Reserva Federal, que se ubican en 1,8% y 2,0%, respectivamente.

El CRFB calificó esa previsión de “fantástica”. La organización también cuestionó la ausencia de un plan integral para colocar las finanzas públicas en una senda sostenible. Su presidenta, Maya MacGuineas, afirmó que el presupuesto del presidente incumple con el deber de “incluir un plan accionable para poner las finanzas de nuestra nación sobre una base sostenible”, y añadió que el proyecto está “cargado de gasto, escaso de detalles y se basa en toda una década de proyecciones financieras optimistas”.

Las dudas también alcanzan a los recortes prometidos en gasto discrecional no relacionado con defensa. La CBO ya proyecta que esa partida aumentará apenas 10% en total durante la próxima década. Sin embargo, el presupuesto de Trump plantea reducciones anuales de 2%, lo que llevaría a una caída acumulada de 20% para 2036.

Ese ajuste luce difícil de ejecutar si se considera el comportamiento reciente del gasto. En la década anterior, esa categoría creció cerca de 40%, en línea aproximada con la inflación. La pregunta de fondo es si organismos como la NASA, el sistema de salud para veteranos, el Departamento de Seguridad Nacional, la EPA y otras agencias realmente podrían operar con menos dólares dentro de diez años que en la actualidad.

El segundo gran componente de ahorro es el pago de intereses. Allí el presupuesto combina dos hipótesis favorables: déficits mucho menores gracias al mayor crecimiento y rendimientos de los bonos del Tesoro más bajos de lo esperado. El documento prevé que la tasa del bono a 10 años baje del 4,4% actual al 3,4% en 2029, para luego mantenerse un poco por debajo de ese nivel.

La CBO, en cambio, estima una trayectoria entre 4,3% y 4,4% durante toda la década. El presupuesto también asume que los ingresos por aranceles seguirán entrando al mismo ritmo que antes de que la Corte Suprema concluyera que la mayoría de esos gravámenes eran ilegales. Esa combinación vuelve todavía más frágil el escenario oficial de equilibrio.

Las advertencias de los analistas sobre déficits, deuda y mercado de bonos

Aun entre analistas que no creen en el escenario optimista, existe consenso en que el aumento del gasto en defensa sí podría materializarse. Jessica Riedl, investigadora en presupuesto e impuestos de la Brookings Institution, resumió la lectura más dura del documento con una frase citada por Fortune: “La forma realista de leerlo es como un aumento histórico del gasto en defensa acompañado de compensaciones falsas tanto en gasto como en ingresos”.

Riedl sostiene que, si el Congreso aprueba ese salto permanente en defensa y si el gasto NDD crece como lo ha hecho históricamente, el deterioro fiscal será mucho mayor que el reflejado por la Casa Blanca. En ese caso, los déficits anuales superarían USD $4 billones en 2036, frente a los USD $3,1 billones que hoy proyecta la CBO.

Su estimación para la deuda también es más sombría. Según su lectura, la deuda pública llegaría a 137% del ingreso nacional, 17 puntos por encima de la cifra que la CBO contempla para 2036. “Esa cifra es totalmente insostenible”, advirtió la investigadora, al tiempo que lanzó un mensaje directo a los republicanos del Congreso que apoyan un aumento fuerte en defensa.

“No pueden ser el partido de recortes fiscales interminables, aumentos históricos del gasto en defensa y aun así no tocar la Seguridad Social y Medicare. Algo tiene que ceder”, afirmó Riedl. Esa observación conecta con una tensión estructural del debate fiscal estadounidense: la dificultad política para combinar menores impuestos, mayor gasto militar y la preservación de los programas sociales más grandes.

Para lectores vinculados con los mercados, incluida la comunidad cripto y de activos de riesgo, este tipo de discusiones importa porque influye sobre liquidez, tasas, dólar y apetito por instrumentos alternativos. Un repunte sostenido de los rendimientos del Tesoro suele encarecer el financiamiento, presionar las valuaciones de acciones y activos digitales, y aumentar la volatilidad global.

Si el mercado concluye que Washington se acerca a una trayectoria fiscal menos sostenible, los bonos del Tesoro podrían enfrentar más ventas y mayores exigencias de rendimiento. Ese ajuste, lejos de ser un problema solo contable, puede trasladarse rápidamente al resto del sistema financiero. De allí que la advertencia final no sea solo presupuestaria, sino macroeconómica: si no llegan decisiones difíciles, el riesgo es que la corrección termine siendo impuesta por el propio mercado.


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