Una nueva encuesta en seis grandes países de la Unión Europea muestra un cambio profundo en la percepción pública: más personas ven a Estados Unidos como una amenaza que a China. El dato refleja el deterioro de la confianza transatlántica bajo Donald Trump y coincide con un mayor apoyo a la autonomía militar europea, aunque ese respaldo se debilita cuando implica sacrificios personales, más gasto o apoyo indefinido a Ucrania.
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- Solo el 12 por ciento de los encuestados ve hoy a Estados Unidos como un aliado cercano, mientras el 36 por ciento lo considera una amenaza.
- China fue percibida como amenaza por el 29 por ciento, y Rusia se mantuvo como el principal enemigo con el 70 por ciento.
- Aunque el 86 por ciento respalda que Europa fortalezca su propia defensa, solo el 19 por ciento dice que tomaría las armas si su país fuera atacado.
La relación entre Europa y Estados Unidos atraviesa una etapa de fuerte desgaste político y simbólico. Una nueva encuesta aplicada en seis de los principales países de la Unión Europea muestra que Washington, bajo el retorno de Donald Trump a la presidencia en enero de 2025, es visto por más ciudadanos como una amenaza que como un aliado.
El dato no es menor, porque golpea una de las bases del orden de seguridad occidental de la posguerra. Durante décadas, la alianza transatlántica funcionó como pilar de la defensa europea, pero el sondeo sugiere que la confianza pública se ha erosionado con rapidez en un contexto marcado por tensiones militares, comerciales y diplomáticas.
Según una encuesta European Pulse realizada por Cluster17 para POLITICO y beBartlet, apenas el 12 por ciento de los consultados en Polonia, España, Bélgica, Francia, Alemania e Italia considera a Estados Unidos un aliado cercano. En cambio, el 36 por ciento lo define como una amenaza.
China, por comparación, fue vista como una amenaza por el 29 por ciento de los encuestados en esos mismos seis países. Rusia siguió apareciendo como el adversario más claro, con un 70 por ciento de los consultados identificándola como una amenaza.
Un deterioro acelerado de la imagen de Washington
El estudio retrata un cambio profundo en la percepción europea sobre el rol de Estados Unidos. Desde su regreso al poder, Trump ha cuestionado el compromiso de Washington con la OTAN, ha amenazado con anexionarse Groenlandia y Canadá, ha impuesto aranceles a aliados tradicionales y ha lanzado una guerra contra Irán a la que los gobiernos europeos se negaron a sumarse.
Ese contexto parece haber influido directamente en la opinión pública. En cuatro de los seis países analizados, la amenaza percibida desde Washington fue mayor que la procedente de Pekín. Solo Francia y Polonia mostraron una percepción más alta de riesgo respecto de China que de Estados Unidos.
España fue el país con la visión más negativa hacia Washington. Allí, el 51 por ciento de los encuestados afirmó que Estados Unidos representa una amenaza para Europa, la proporción más elevada del sondeo. El dato coincide con la postura de Madrid, que ha encabezado la oposición a la guerra que Trump lanzó en febrero contra Irán y que además ha recibido críticas del presidente estadounidense por su bajo gasto en defensa.
En Italia, el 46 por ciento definió a Estados Unidos como una amenaza. En Bélgica lo hizo el 42 por ciento, en Francia el 37 por ciento y en Alemania el 30 por ciento. Polonia fue la gran excepción: solo el 13 por ciento de sus encuestados consideró a Washington un riesgo, en parte porque su cercanía con Rusia mantiene la alianza con Estados Unidos como un componente central de su seguridad nacional.
Más defensa europea, pero con límites claros
La encuesta también pone de relieve una aparente contradicción en la política de seguridad europea. A medida que disminuye la confianza en Estados Unidos, crece el deseo de contar con una Europa mejor armada y más autosuficiente. Sin embargo, ese respaldo se enfría cuando se plantean costos concretos o compromisos personales.
En el conjunto de los seis países, el 86 por ciento estuvo de acuerdo con que Europa debe desarrollar sus propias capacidades de defensa. De ese total, el 56 por ciento dijo estar totalmente de acuerdo. El respaldo fue especialmente alto en Polonia y Bélgica, ambos con 95 por ciento, y en Alemania, con 89 por ciento.
También hubo apoyo amplio a una integración militar más profunda. El 69 por ciento de los encuestados respaldó la creación de una fuerza militar europea común que opere junto a los ejércitos nacionales. El apoyo varió desde el 60 por ciento en Francia hasta el 83 por ciento en Bélgica.
Además, la disposición a defender a socios occidentales se mantuvo fuerte en términos abstractos. El 76 por ciento dijo que apoyaría enviar al ejército de su país para defender a un aliado de la OTAN si fuera atacado. Cuando el escenario planteaba defender a otro miembro de la Unión Europea, el apoyo subía al 81 por ciento.
Pero la solidez de ese consenso cambia cuando la pregunta deja de ser institucional y se vuelve personal. Solo el 19 por ciento afirmó que estaría dispuesto a tomar las armas y luchar si su propio país fuera atacado. Casi la mitad, un 47 por ciento, respondió que preferiría contribuir en funciones no combatientes, como logística, ayuda médica o protección civil.
Otro 16 por ciento dijo que apoyaría a su país sin participar directamente. A su vez, un 12 por ciento aseguró que consideraría abandonar el país. Esa diferencia entre el apoyo político a la defensa y la disposición individual a combatir ilustra uno de los mayores dilemas para los gobiernos europeos, que buscan ampliar sus capacidades militares mientras afrontan problemas de reclutamiento.
El gasto militar divide a la opinión pública
El sondeo muestra que la necesidad de reforzar la defensa no implica un consenso automático sobre cómo financiarla. En el agregado de los seis países, el 37 por ciento consideró que su país gasta aproximadamente lo correcto en defensa. La misma proporción, otro 37 por ciento, opinó que ese gasto es insuficiente.
Al mismo tiempo, el 22 por ciento sostuvo que su país ya gasta demasiado en este rubro. Las diferencias nacionales fueron marcadas. En Alemania, el 40 por ciento dijo que el gasto en defensa debería aumentar. En Francia opinó así el 44 por ciento y en España el 43 por ciento.
Italia volvió a destacar, pero en el sentido contrario. Allí, el 39 por ciento afirmó que el gasto militar ya es demasiado alto, el porcentaje más elevado entre los países analizados. Polonia también mostró una posición singular: el 56 por ciento consideró que los niveles actuales de gasto son más o menos correctos.
Esas opiniones guardan relación con la realidad presupuestaria de cada país. Polonia planea destinar este año el 4,8 por ciento de su PIB a defensa, la cifra más alta de la OTAN y muy por encima de la de los otros Estados incluidos en la encuesta.
Ucrania expone otra línea de fractura
El apoyo europeo a Ucrania aparece como otro punto de desacuerdo. En el total de los seis países, el 34 por ciento opinó que Europa no está brindando suficiente apoyo a Kiev. El 31 por ciento dijo que el nivel actual es más o menos correcto, mientras que el 30 por ciento sostuvo que Europa está haciendo demasiado.
Alemania, que es por amplio margen el mayor donante europeo de ayuda a Ucrania, mostró un respaldo comparativamente mayor a una asistencia más fuerte. Allí, el 45 por ciento señaló que Europa no está haciendo lo suficiente.
Italia se ubicó otra vez en el extremo opuesto. Según el Kiel Support Tracker citado en la cobertura original, Italia aporta la menor proporción de su PIB a Ucrania en ayuda civil y militar entre los seis países encuestados. En ese país, el 42 por ciento consideró que Europa está proporcionando demasiado apoyo.
España y Bélgica se inclinaron hacia la idea de que la ayuda no es suficiente. Francia, en cambio, mostró una posición más dividida y equilibrada. El mapa general sugiere que la unidad europea frente a la guerra sigue existiendo, pero con tensiones políticas crecientes sobre su duración, intensidad y costos.
Servicio obligatorio y nuevas presiones sobre los gobiernos
Los resultados también alimentan el debate sobre el servicio militar obligatorio y el servicio cívico, dos temas que han vuelto a escena en varios países europeos. A medida que crece la preocupación por la capacidad de defensa, varios gobiernos evalúan mecanismos para ampliar sus reservas humanas y su preparación operativa.
En Alemania, el apoyo a alguna forma de servicio obligatorio fue especialmente alto. El 78 por ciento de los encuestados respaldó restablecer el servicio militar obligatorio o algún tipo de obligación de servicio civil. Ese sistema había sido suspendido en 2011.
Sin embargo, el canciller Friedrich Merz abandonó el año pasado los planes de restaurar la conscripción plena tras enfrentar resistencia dentro de su coalición. En su lugar, impulsó un proyecto de ley orientado a aumentar el reclutamiento hasta 203.000 tropas en servicio activo para 2031.
En Bélgica, el respaldo a alguna modalidad de servicio obligatorio alcanzó el 76 por ciento. En Italia, la opinión estuvo más dividida, con un 53 por ciento a favor. España fue el caso más resistente: allí, el 54 por ciento se opuso a esa idea.
En conjunto, la encuesta refleja una Europa que quiere fortalecer su capacidad militar y reducir su dependencia estratégica, pero que todavía duda cuando ese giro exige costos personales, fiscales o políticos. Esa mezcla de preocupación, fatiga y cautela define buena parte del nuevo clima de seguridad en el continente.
La encuesta fue realizada en línea entre el 13 y el 21 de marzo a 6.698 adultos en Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España, con al menos 1.000 encuestados por país. Los resultados fueron ponderados para ser representativos en dimensiones como edad, género y geografía.
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