Una escuela pública de Chicago con 27 alumnos, 28 empleados de tiempo completo y un gasto operativo de USD $93.000 por estudiante se ha convertido en símbolo de una discusión más amplia sobre eficiencia, resultados y elección escolar en Estados Unidos.
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- Frederick Douglass Academy High School fue diseñada para 1.008 estudiantes, pero hoy atiende a solo 27.
- Según los datos citados, en 2024 no hubo un solo alumno de 11.º grado competente en matemáticas o lectura en esa escuela.
- El debate se extiende a todo Chicago, donde 255 edificios escolares están infrautilizados y el sindicato docente rechaza cierres.
El caso de Frederick Douglass Academy High School, en Chicago, ha vuelto a poner en primer plano el debate sobre el uso de recursos en la educación pública de Estados Unidos. La escuela, construida para albergar a 1.008 estudiantes, actualmente tiene solo 27 matriculados, pero se mantiene operativa con 28 empleados de tiempo completo.
La cifra más llamativa del caso es el gasto operativo. De acuerdo con el artículo de opinión publicado por Fox News, en 2024 ese plantel superó los USD $93.000 por estudiante, sin incluir gasto de capital ni servicio de deuda, lo que elevaría aún más el costo total asociado al funcionamiento de la institución.
El dato sería menos polémico si estuviera acompañado por mejoras académicas, pero ocurre lo contrario. Según la información estatal más reciente citada en el texto, no hubo ni un solo estudiante de 11.º grado competente en matemáticas o lectura durante 2024.
La asistencia también aparece como un factor central en la discusión. El 65,6% de los alumnos inscritos en Douglass figura como absentista crónico, es decir, falta a más del 10% de los días escolares. En la práctica, el artículo sostiene que menos de una docena de estudiantes asiste con cierta regularidad.
Más allá de un solo plantel, el caso es presentado como una muestra de un problema sistémico dentro de las Escuelas Públicas de Chicago, conocidas como CPS por sus siglas en inglés. El texto afirma que al menos 255 edificios escolares del distrito están infrautilizados, lo que equivale a más de la mitad de las escuelas públicas independientes de la ciudad.
Dentro de ese grupo, 145 inmuebles estarían a más de la mitad de su capacidad vacíos, mientras 24 operarían con más del 75% de vacancia. El argumento central es que estos edificios consumen recursos que podrían redirigirse a centros con más demanda, mejores resultados o esquemas alternativos de enseñanza.
El artículo agrega que, desde 2019, CPS ha perdido el 10% de su matrícula estudiantil, pero su personal ha aumentado un 20%. Esa combinación, según el autor, ha inflado los costos sin traducirse en mejores niveles de rendimiento.
La magnitud del problema también se ilustra con otros indicadores. Solo en 2024, 80 escuelas públicas de Chicago reportaron cero estudiantes competentes en matemáticas, mientras 24 registraron cero competencia en lectura, siempre según los datos recogidos en la pieza de opinión.
El papel del sindicato en el debate
Una parte importante del texto se concentra en el rol del Chicago Teachers Union, o CTU. El autor responsabiliza al sindicato de bloquear cierres de escuelas, incluso cuando estas presentan baja ocupación o resultados deficientes, bajo el argumento de que tales medidas alteran a las comunidades.
Desde esa perspectiva, mantener abiertos centros vacíos o semivacíos no protege a los estudiantes, sino que consolida instituciones con bajo desempeño. El artículo describe estas escuelas como estructuras zombis que absorben dinero público sin generar progreso académico verificable.
El texto también menciona que en 2023 el CTU presionó para poner fin al programa Invest in Kids de Illinois. Ese esquema había otorgado opciones de elección escolar a más de 9.000 niños de familias de bajos ingresos, permitiéndoles salir de distritos con malos resultados, según el argumento del articulista.
Además, se sostiene que el sindicato logró limitar el número de escuelas chárter en la ciudad. Para el autor, esa política redujo la competencia y frenó la innovación educativa, aunque esa afirmación forma parte de una postura claramente opinativa y no de un reporte neutral sobre desempeño comparado.
La crítica se extiende a la dirigencia del CTU. El artículo afirma que su presidenta, Stacy Davis Gates, calificó la elección escolar de racista, pero matricula a su propio hijo en una escuela privada. Esa aparente contradicción es presentada como prueba de un doble estándar dentro del liderazgo sindical.
También se menciona una encuesta reciente en la que el CTU aparece con una favorabilidad neta de menos 26,1%, y donde la mayoría de los votantes de Chicago reporta una opinión negativa. El texto usa ese dato para reforzar la idea de que el respaldo ciudadano a la estrategia sindical se ha deteriorado.
Qué propone el autor para cambiar el sistema
La propuesta principal es cerrar escuelas infrautilizadas y redirigir el dinero a opciones consideradas más eficientes. El artículo sostiene que clausurar solo las 24 escuelas más vacías podría ahorrar decenas de millones de dólares al año, recursos que podrían destinarse a reducir tamaño de clases, mejorar tecnología o introducir pago por mérito.
También plantea que los cierres no necesariamente perjudicarían a docentes y alumnos. Según esta visión, los ahorros en costos fijos, como servicios públicos, mantenimiento y gastos generales, podrían ayudar a compensar al personal desplazado y permitir mejores salarios en centros consolidados.
Otra propuesta consiste en dar a escuelas chárter o privadas el derecho de tanteo sobre edificios vacíos antes de cualquier otra reasignación. La idea es reutilizar esos espacios para modelos educativos alternativos que, en teoría, ofrezcan mejores resultados que los obtenidos por algunas escuelas del distrito tradicional.
El argumento va un paso más allá y sugiere que incluso una fracción de los USD $93.000 por niño gastados en Douglass podría financiar matrícula en una escuela privada o chárter adaptada a las necesidades de esos estudiantes. Esa tesis se inscribe en una defensa abierta de la elección escolar.
En el plano nacional, el artículo vincula el caso de Chicago con tendencias observadas en otros distritos urbanos, desde Detroit hasta Los Ángeles. La idea central es que la matrícula disminuye mientras el gasto continúa creciendo, lo que para el autor evidencia una crisis de incentivos y de rendición de cuentas.
Como ejemplo de alternativas, menciona a Arizona y Florida, estados que han adoptado modelos de elección escolar más amplios. También cita el caso de Milwaukee, donde estudios habrían mostrado que los programas de vales elevaron el rendimiento tanto en el sector privado como en el público.
Una discusión más amplia sobre eficiencia y rendición de cuentas
Más allá de la carga ideológica del texto, el caso revela un tema de interés para cualquier observador de políticas públicas: qué ocurre cuando el financiamiento aumenta o se mantiene alto, pero los resultados no mejoran. La pregunta no es exclusiva del sector educativo y aparece también en debates sobre salud, infraestructura y administración pública.
En ese sentido, la historia conecta con discusiones familiares para lectores que siguen temas de tecnología, finanzas o gobernanza. El problema de asignar capital a estructuras poco productivas recuerda la lógica de sistemas que siguen consumiendo recursos pese a generar resultados decrecientes, algo que también se observa en empresas, mercados o burocracias sobredimensionadas.
El artículo cierra con una advertencia política. Sostiene que inyectar más dinero en sistemas rotos solo produce más deterioro, y que la reforma real requiere competencia, rendición de cuentas y disposición a cerrar instituciones fallidas cuando ya no cumplen su función.
También subraya que las familias merecen algo mejor que escuelas fantasma y promesas vacías. Esa frase resume el tono del texto, que no se limita a presentar cifras, sino que busca impulsar una agenda concreta centrada en la elección escolar y en la reducción del peso de estructuras consideradas ineficientes.
Como ocurre con toda columna de opinión, conviene distinguir entre los datos presentados y las conclusiones normativas que de ellos se derivan. Los números sobre matrícula, gasto, personal y competencia académica son el núcleo factual del caso. La interpretación sobre cierres, sindicatos y chárteres pertenece ya al terreno del debate político y educativo.
En cualquier caso, la historia de Douglass High School ha escalado como símbolo de una tensión persistente en la educación pública estadounidense. La discusión ya no gira solo sobre cuánto se gasta, sino sobre cómo se usa ese dinero, quién decide su destino y qué mecanismos existen para corregir el rumbo cuando los resultados son persistentemente bajos.
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