Por Canuto  

OpenAI anunció que empezará a probar anuncios en ChatGPT en las próximas semanas, un cambio estratégico para aumentar ingresos ante el fuerte gasto en computación que exige operar su popular chatbot. La medida comenzará en Estados Unidos y apunta a usuarios gratuitos y de planes de menor costo, mientras la empresa promete que la publicidad estará separada, claramente etiquetada y sin influencia en las respuestas.
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  • OpenAI probará anuncios en ChatGPT en las próximas semanas, comenzando en Estados Unidos y enfocándose en usuarios gratuitos y de niveles más bajos.
  • La empresa asegura que los anuncios no influirán en las respuestas y que las conversaciones seguirán siendo privadas frente a los anunciantes.
  • El movimiento busca sostener los costos de la IA generativa y acerca a OpenAI al modelo publicitario de Google y Meta, mientras la competencia con Gemini se intensifica.

 


OpenAI anunció el jueves que comenzará a probar anuncios dentro de ChatGPT en las próximas semanas, un giro relevante para uno de los productos de inteligencia artificial más usados del mundo. La compañía busca elevar sus ingresos para cubrir los costos crecientes de operar un servicio de IA generativa, cuya demanda exige grandes volúmenes de computación.

Según informó la fuente, la primera etapa de la prueba ocurrirá en Estados Unidos y se aplicará a suscriptores gratuitos y a usuarios de niveles de pago más bajos. OpenAI comunicó la decisión en una publicación de blog, donde describió el paso hacia la publicidad como un movimiento esperado en el contexto de la monetización de chatbots.

Para muchos usuarios, ChatGPT funciona como una herramienta cotidiana para estudiar, programar, investigar o automatizar tareas, lo que lo ha convertido en un punto de referencia de la IA generativa desde su lanzamiento en 2022. Por esa misma centralidad, la llegada de anuncios abre un debate delicado: cómo monetizar sin afectar la confianza, la privacidad y la calidad de las respuestas.

El giro hacia la publicidad y por qué importa

La integración de publicidad ha sido una cuestión clave en la industria de los chatbots generativos, ya que muchas empresas han evitado interrumpir la experiencia de uso con anuncios. Sin embargo, los costos de operar servicios de IA pueden ser tan elevados que terminen empujando a los proveedores a buscar nuevas vías de ingresos.

En el caso de OpenAI, la presión viene de una ecuación difícil: el producto es masivo, pero el ingreso recurrente por suscripciones no alcanza a cubrir, por sí solo, el ritmo de gasto. La fuente señala que solo un pequeño porcentaje de sus casi mil millones de usuarios paga por servicios de suscripción, lo que obliga a la empresa a explorar alternativas.

Este contexto ayuda a entender por qué el anuncio no llega como una sorpresa total. La publicidad es, desde hace años, el motor financiero de plataformas que operan con servicios gratuitos a gran escala, y la IA generativa está empezando a enfrentar el mismo dilema: el usuario espera acceso sencillo, pero el cómputo necesario cuesta caro.

Al formalizar un plan publicitario, OpenAI comienza a alinearse con una lógica de negocio ya conocida en el ecosistema digital. A partir de aquí, la discusión no solo será técnica, sino también ética y de producto: dónde se ubican los anuncios, cómo se etiquetan, y qué garantías existen para evitar que la monetización altere las recomendaciones.

Costos, valoración y el desafío de sostener la operación

Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, la valoración de OpenAI se ha disparado hasta USD $500.000.000.000 en rondas de financiación, de acuerdo con la historia citada por la fuente. Algunos observadores esperan que la empresa eventualmente salga a bolsa con una valoración de USD $1.000.000.000.000.

Pero, al mismo tiempo, la fuente indica que OpenAI consume efectivo a un ritmo vertiginoso, principalmente por la potente infraestructura computacional que necesita para ofrecer el servicio. En pocas palabras, el crecimiento en uso no siempre se traduce en sostenibilidad financiera si los costos variables por operación se mantienen altos.

En este escenario, los anuncios aparecen como un mecanismo para convertir parte de esa enorme base de usuarios en ingresos, sin depender de que todos paguen una suscripción. La industria tecnológica ya ha probado este modelo: ofrecer acceso masivo y luego monetizar atención mediante publicidad.

La fuente también enmarca este cambio como una aproximación al modelo de gigantes como Google y Meta, que construyeron imperios publicitarios con servicios gratuitos como base. Amazon, añade el reporte, también ha levantado un negocio publicitario sólido dentro de sus plataformas de compras y streaming de video.

El debate sobre confianza: anuncios, pero sin tocar las respuestas

OpenAI prometió que los anuncios nunca influirían en las respuestas de ChatGPT y que las conversaciones de los usuarios seguirían siendo privadas frente a los anunciantes, según el texto reseñado por la fuente. La empresa plantea así una separación clara entre el contenido generado y el contenido publicitario.

La compañía lo expresó de forma directa: “Los anuncios no influyen en las respuestas que ChatGPT te da”, de acuerdo con la historia base. También señaló que las respuestas se optimizan en función de lo que es más útil para el usuario y que los anuncios estarán siempre separados y claramente etiquetados.

La relevancia de esa promesa es alta porque la IA conversacional se usa para decisiones que pueden ser sensibles o importantes, desde aprendizaje y trabajo hasta orientación general en temas personales. Si el usuario sospecha que un anuncio altera lo que el modelo recomienda, la utilidad del producto puede deteriorarse rápido.

En esa línea, la historia recoge una advertencia del analista Jeremy Goldman, de Emarketer. “Los anuncios no son una distracción de la carrera de IA generativa; son como OpenAI se mantiene en ella”, dijo, y agregó que monetizar la atención sin envenenar la confianza es un punto central en esta etapa.

Competencia: Google gana terreno con Gemini

El movimiento también ocurre en un momento de mayor presión competitiva. Según la historia citada, Google gana terreno en la carrera de la IA generativa al incorporar funciones de IA en servicios como Gmail, Maps y YouTube, además de competir directamente con ChatGPT a través de su chatbot Gemini.

Para lectores nuevos en este frente, el trasfondo es que la IA generativa ya no es solo un producto aislado. En el caso de Google, el valor está en integrar capacidades de IA en un ecosistema completo de aplicaciones con miles de millones de usuarios, lo que puede acelerar adopción y reforzar su negocio publicitario tradicional.

OpenAI, en cambio, ha construido su narrativa alrededor de ChatGPT como interfaz principal, con planes de suscripción y un impacto cultural notable. La decisión de probar anuncios puede leerse como una forma de ampliar monetización sin cerrar el acceso a quienes no pagan, aunque eso implique cambios en la experiencia.

La competencia añade urgencia: en un mercado donde los modelos se vuelven comparables en calidad, la estrategia comercial y de distribución pesa más. De ahí que el reporte lo presente como un giro hacia el terreno donde Google y Meta llevan ventaja histórica.

“No optimizaremos el tiempo”: promesa de experiencia y bienestar

En una aparente referencia a plataformas como Meta, TikTok y YouTube de Google, acusadas de maximizar el compromiso para aumentar vistas de anuncios, OpenAI afirmó que no “optimizaría el tiempo pasado en ChatGPT”. Según la historia, la empresa busca distanciarse de prácticas asociadas a la economía de la atención.

OpenAI añadió que prioriza la confianza y la experiencia del usuario sobre los ingresos, de acuerdo con la fuente. Ese punto funciona como un mensaje preventivo: si la empresa introduce anuncios, necesita convencer al público de que no convertirá el chatbot en un producto diseñado para retener a toda costa.

Este tema resulta especialmente sensible por el componente emocional que pueden adquirir las conversaciones con un asistente de IA. La historia recuerda que OpenAI ha enfrentado acusaciones de permitir que ChatGPT priorice el compromiso emocional sobre la seguridad, lo que presuntamente habría contribuido al estrés mental entre algunos usuarios.

Con la publicidad entrando en escena, el debate se vuelve más amplio: no solo se trata de si un anuncio aparece, sino de cómo la empresa diseña incentivos internos. La tensión entre ingresos y bienestar del usuario será un factor que observadores, reguladores y el propio mercado seguirán de cerca mientras avance la prueba en Estados Unidos.


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