Wall Street y varios economistas están elevando sus cálculos de recesión para Estados Unidos ante una combinación cada vez más delicada: guerra con Irán, petróleo más caro, un mercado laboral debilitado y consumidores más cautelosos. Aunque la recesión no es aún el escenario base para todos, la amenaza ya dejó de ser marginal.
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- Moody’s Analytics elevó su probabilidad de recesión a 48,6%, mientras Goldman Sachs la llevó a 30% y EY Parthenon a 40%.
- El alza del petróleo y de la gasolina por la guerra con Irán reactivó temores de un shock energético con impacto sobre consumo, inflación y crecimiento.
- El mercado laboral de EE. UU. muestra señales de fragilidad, con creación de empleo muy limitada en 2025 y pérdidas fuera del sector salud.
Las probabilidades de una recesión en Estados Unidos están subiendo con fuerza entre firmas de Wall Street y economistas privados. El deterioro no responde a un solo factor, sino a la convergencia de varios frentes de presión que incluyen el conflicto con Irán, el encarecimiento de la energía, un mercado laboral con signos de fatiga y una confianza del consumidor que sigue bajo tensión.
En términos simples, una recesión implica una contracción relevante de la actividad económica, usualmente acompañada por menor consumo, inversión más débil y un mercado laboral más vulnerable. Ese escenario preocupa especialmente a los mercados porque llega en un momento en el que la inflación no ha desaparecido del todo, lo que complica la respuesta de la Reserva Federal.
De acuerdo con cifras citadas por CNBC y Fortune, Moody’s Analytics elevó su estimación de probabilidad de recesión para los próximos 12 meses a 48,6%. Goldman Sachs la subió a 30%, Wilmington Trust la situó en 45% y EY Parthenon en 40%, aunque esta última firma advirtió que el porcentaje podría aumentar con rapidez si el conflicto en Medio Oriente se prolonga o se agrava.
En un año normal, la probabilidad de una recesión en una ventana de 12 meses suele rondar entre 15% y 20%. Por eso, aunque los nuevos pronósticos no equivalen a una certeza, sí muestran que el riesgo está bastante por encima de lo habitual y que el margen de error para la economía estadounidense se ha reducido.
La guerra con Irán reaviva el temor a un shock petrolero
El conflicto con Irán se ha convertido en el principal catalizador del deterioro reciente en las expectativas. Históricamente, los shocks petroleros han precedido a casi todas las recesiones de Estados Unidos desde la Gran Depresión, con la excepción del colapso asociado a la pandemia de Covid. Esa experiencia explica por qué los economistas siguen muy de cerca el precio del crudo y su transmisión al resto de la economía.
Según AAA, los precios en las gasolineras subieron USD $1,02 por galón en el último mes, lo que representa un salto de 35%. Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, advirtió que los efectos negativos de un petróleo más caro tienden a sentirse rápido. En su evaluación, si los precios del crudo se mantienen cerca de los niveles actuales hasta Memorial Day, y ciertamente hasta el final del segundo trimestre, eso empujaría a la economía a una recesión.
Fortune también recogió otra advertencia de Zandi: antes incluso del ataque estadounidense-israelí contra Irán a finales de febrero, él ya veía aumentar el riesgo de recesión. Tras la escalada militar, dijo que una recesión en la segunda mitad del año sería más que probable si las hostilidades no se encaminan pronto hacia una desescalada diplomática.
El economista añadió en una publicación en X que, según simulaciones del modelo macroeconómico global de Moody’s, los precios del petróleo solo tendrían que promediar cerca de USD $125 por barril en el segundo trimestre de este año para desencadenar ese resultado. El Brent ha rondado los USD $97 por barril, aunque la semana pasada llegó a tocar USD $115 por barril.
El panorama geopolítico sigue siendo inestable. Fortune indicó que el presidente Donald Trump pospuso el lunes sus planes para atacar infraestructura energética iraní y centrales eléctricas, una decisión que añadió USD $1,7 billones a las acciones y redujo el precio del petróleo en USD $17. Sin embargo, Irán rechazó el miércoles la propuesta estadounidense para terminar la guerra, mientras el Pentágono habría ordenado el envío de 2.000 tropas paramilitares a Oriente Medio.
El empleo muestra grietas bajo la superficie
Más allá de la energía, el mercado laboral aparece como el otro foco central de preocupación. La economía estadounidense creó apenas 116.000 empleos en todo 2025, y en febrero perdió 92.000 puestos, un dato que contradijo las estimaciones que apuntaban a un aumento de 60.000. En Fortune también se menciona que EE. UU. había añadido solo 181.000 empleos en 2025 antes de ese retroceso, reflejando un entorno de contratación muy débil.
La tasa de desempleo se ha mantenido en 4,4%, o acercándose a 4,5% según la referencia de Fortune, frente al 3,4% de hace tres años. Sin embargo, esa estabilidad responde más a la falta de despidos masivos que a una recuperación firme de la contratación. En otras palabras, el empleo no colapsa, pero tampoco avanza con amplitud suficiente como para transmitir confianza.
Además, el crecimiento del empleo ha sido muy estrecho en su composición. Excluyendo las sólidas ganancias vinculadas al sector salud, que sumaron más de 700.000 empleos, las nóminas del resto de la economía cayeron en más de medio millón durante el último año. Dan North, economista sénior para Estados Unidos en Allianz, resumió esta fragilidad con una metáfora clara: no se puede hacer funcionar un ferrocarril con un solo motor.
Luke Tilley, economista jefe de Wilmington Trust, sostuvo que ve menos riesgo de inflación del que perciben los funcionarios de la Fed y más riesgo bajista para el mercado laboral del que ellos han señalado. Esa lectura es importante porque el empleo es uno de los pilares del gasto del consumidor, que a su vez representa más de dos tercios del crecimiento económico estadounidense.
Consumidores bajo presión y debate sobre estanflación
La debilidad del mercado laboral se combina con consumidores cada vez más pesimistas. NerdWallet informó que una encuesta de marzo encontró que 65% de los encuestados espera una recesión en los próximos 12 meses, seis puntos porcentuales más que el mes anterior. Ese deterioro en el ánimo de los hogares importa porque las expectativas suelen influir sobre decisiones de gasto, ahorro e inversión.
Los analistas también observan una presión creciente sobre los hogares de menores ingresos, que son los más golpeados por el aumento de precios. A eso se suma la desaceleración del crecimiento salarial, especialmente entre los trabajadores con menores ingresos, según destacó Fortune. Cuando el salario pierde fuerza y la energía se encarece, el margen para sostener el consumo se vuelve más estrecho.
Este cuadro ha reactivado las conversaciones sobre estanflación, una combinación de inflación persistente y crecimiento débil que marcó a Estados Unidos en la década de 1970 y comienzos de los años 80. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, rechazó esa etiqueta después de la última reunión de política monetaria, en la que la Fed mantuvo su tasa de referencia en un rango de 3,5% a 3,75%.
Powell argumentó que el término debería reservarse para un periodo muy distinto, cuando el desempleo estaba en dos dígitos y la inflación era realmente alta. Aun así, algunos economistas sugieren que la economía actual podría estar entrando en una suerte de estanflación ligera, menos severa que la de los años 70, pero lo bastante seria como para complicar la gestión monetaria y fiscal.
Mercados, riqueza financiera y el riesgo de una desaceleración más profunda
Otro punto sensible es que parte del consumo reciente habría sido impulsado por el llamado efecto riqueza. Tilley estimó que entre 20% y 25% del crecimiento del gasto durante los últimos dos años provino del aumento en los precios de los activos, especialmente del mercado bursátil. Si esa fuente se debilita, una porción relevante del crecimiento del consumo podría desaparecer.
Ese riesgo ya empezó a sentirse. Durante las hostilidades, el Dow Jones Industrial Average cayó más de 5%. La corrección no es menor porque los hogares de mayores ingresos, que suelen tener mayor exposición a las acciones, han ayudado a sostener el gasto agregado y la confianza de consumo en meses recientes.
Al mismo tiempo, el rastreador GDPNow de la Reserva Federal de Atlanta apunta a un crecimiento del producto interno bruto de 2% para el primer trimestre. Sin embargo, ese avance llega después de un aumento de apenas 0,7% en el cuarto trimestre, afectado en parte por el cierre del gobierno. Los economistas esperaban un rebote mayor a comienzos de año, pero hasta ahora los efectos lucen modestos.
También aparecen riesgos indirectos. Fortune señaló que el cierre en curso del estrecho de Ormuz afecta no solo al petróleo, sino también al mercado global de fertilizantes, ya que por allí transita cerca de un tercio del suministro mundial. Ricky Volpe, economista agrícola y profesor de agronegocios en Cal Poly, dijo que existe una correlación muy fuerte entre los movimientos de los precios de la energía y los alimentos. Si ese vínculo se intensifica, la presión inflacionaria podría llegar también a la canasta básica.
A pesar de todo, no todos ven una recesión como desenlace inevitable. Zandi afirmó que su escenario base sigue siendo una salida diplomática que permita restablecer el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz. North, de Allianz, dijo que hay soporte por debajo de la economía y que eso lo hace reacio a usar la palabra recesión, aunque sí considera probable una desaceleración este año.
Entre los factores de apoyo se menciona el estímulo del One Big Beautiful Bill en 2025, con menos regulaciones y mayores reembolsos fiscales que podrían ayudar a los consumidores a absorber parte del golpe de los precios. Sin embargo, por ahora el mensaje dominante en Wall Street es más cauteloso: la economía todavía no ha caído, pero las grietas bajo la superficie son cada vez más visibles.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
Imagen editada de Unsplash
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