Tesla estaría trabajando en un nuevo SUV eléctrico completamente distinto a sus modelos actuales, más pequeño y de menor precio, en un momento en que el mercado intenta descifrar si la empresa de Elon Musk volverá a priorizar los autos para el mercado masivo o si solo está ajustando su hoja de ruta hacia un futuro autónomo.
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- Fuentes citadas por Reuters afirman que Tesla ya conversa con proveedores sobre un SUV compacto completamente nuevo.
- El vehículo sería más corto, más liviano y más barato que el Model Y, con batería más pequeña y menor autonomía.
- El proyecto reabre preguntas sobre si Tesla está regresando al segmento masivo o si prepara una base compatible con robotaxis.
Tesla está desarrollando un nuevo SUV eléctrico completamente nuevo, más pequeño y más barato, de acuerdo con información reportada por Reuters y atribuida a cuatro personas familiarizadas con el asunto. El proyecto, todavía en una etapa temprana, apunta a un vehículo distinto a los actuales Model 3 y Model Y.
Según esas fuentes, la empresa ya contactó a proveedores en semanas recientes para discutir detalles técnicos del plan. Las conversaciones incluyeron procesos de fabricación y especificaciones de distintos componentes, una señal de que la idea ya superó la mera fase conceptual, aunque todavía no existe certeza sobre su aprobación final para producción.
El movimiento llega en un contexto especialmente sensible para Tesla. La compañía viene defendiendo públicamente una visión centrada en robotaxis y robots humanoides, mientras algunos analistas prevén un tercer año consecutivo de caída en las ventas de sus vehículos eléctricos tradicionales, que siguen aportando la mayor parte de sus ingresos.
La propuesta del nuevo SUV compacto también revive una pregunta que el mercado lleva meses intentando responder. No está claro si Tesla está reconsiderando su estrategia para volver al segmento de autos eléctricos de gran volumen para conductores humanos, o si este nuevo modelo sería, en realidad, otra pieza dentro de su visión de movilidad autónoma.
Un vehículo nuevo, más pequeño y con foco en costos
Tres de las personas consultadas dijeron que el SUV compacto se produciría en China. Otra fuente añadió que Tesla también busca ampliar la producción hacia Estados Unidos y Europa, lo que sugiere una ambición internacional si el proyecto termina recibiendo luz verde.
Dos de las fuentes señalaron que el vehículo mediría 4,28 metros de largo, equivalentes a cerca de 14 pies. La comparación es importante porque el Model Y, hoy el SUV más vendido de Tesla, mide aproximadamente 15,7 pies, por lo que el nuevo modelo sería claramente más corto.
Dos fuentes indicaron además que Tesla aspira a ofrecer este automóvil a un precio sustancialmente inferior al de su sedán de entrada, el Model 3. Ese vehículo parte desde USD $34.000 en China y desde alrededor de USD $37.000 en Estados Unidos, de modo que la intención sería abrir una franja de acceso más baja dentro del catálogo.
Para lograrlo, Tesla planea recortar costos mediante varios ajustes técnicos. Entre ellos, usar una batería más pequeña, lo que implicaría menos autonomía frente a las 306 a 327 millas del Model Y. Una de las personas también dijo que la firma ofrecería un solo motor eléctrico en lugar de dos, una configuración presente en opciones de mayor rendimiento de los modelos actuales.
Esa misma fuente agregó que la empresa quiere que el auto sea mucho más ligero. La meta sería llevarlo a alrededor de 1,5 toneladas métricas, frente a las aproximadamente 2 toneladas del Model Y. En teoría, un vehículo más liviano también ayudaría a reducir costos de materiales y mejorar la eficiencia energética.
Aun así, Reuters indicó que no pudo determinar si Tesla ya aprobó la producción del vehículo. Tres personas dijeron que el modelo se fabricaría en la planta de Shanghái, pero también advirtieron que el calendario sigue siendo incierto y que es poco probable que la producción comience este mismo año.
Las dudas de fondo sobre la estrategia de Elon Musk
Para entender la relevancia de este proyecto hay que mirar el historial reciente de Tesla. Durante años, Elon Musk sostuvo que la misión real de la compañía era llevar los vehículos eléctricos al mercado masivo. Esa idea fue central en la narrativa de crecimiento de la firma desde sus inicios con autos eléctricos de lujo en 2008.
A partir de 2020, Musk llegó a decir que Tesla apuntaba a vender 20 millones de vehículos al año hacia el final de la década, una cifra cercana al doble del volumen actual de Toyota, líder mundial del sector. Dentro de esa ambición, un vehículo de alrededor de USD $25.000 ocupaba un papel esencial en las expectativas de fans e inversionistas.
Ese proyecto fue conocido informalmente como “Model 2”. Sin embargo, Reuters reportó en 2024 que Tesla había abandonado esos planes, aunque todavía mantenía la intención de usar la misma plataforma para un robotaxi sin conductor. El cambio fue interpretado como un giro fuerte desde el auto asequible hacia la autonomía total.
Más tarde ese mismo año, Musk afirmó que sería “inútil” y “tonto” que Tesla fabricara un vehículo eléctrico de USD $25.000 para conductores humanos, porque la empresa pronto ofrecería vehículos sin conductor. Ese comentario consolidó la idea de que la automotriz había dejado atrás, al menos temporalmente, el objetivo clásico del EV económico para las masas.
Un exgerente de Tesla citado en el reporte dijo que desarrollar un auto tradicional completamente nuevo y más barato representaría un alejamiento importante de la filosofía de la empresa hasta mediados de 2025. Según esa visión, Tesla había puesto a un lado el esfuerzo por un modelo de entrada y se había concentrado en robotaxis como vía para reducir el costo por milla para pasajeros y propietarios.
Después de cancelar el Model 2, Musk y otros ejecutivos hablaron en términos vagos sobre vehículos eléctricos “más asequibles”. Sin embargo, cuando esos productos llegaron el otoño pasado, se trató de versiones simplificadas de los actuales Model 3 y Model Y, vendidas en acabados “standard” con descuentos modestos.
En Estados Unidos, esos precios quedaron en USD $36.990 para el Model 3 Standard y USD $39.990 para el Model Y. Para parte del mercado, esas cifras seguían siendo demasiado altas como para atraer a una nueva generación de compradores, y hasta ahora no han producido un cambio relevante en las ventas generales de Tesla.
¿Un SUV para humanos, un robotaxi futuro o ambos?
Una de las fuentes familiarizadas con el proyecto y un empleado de Tesla con conocimiento de la filosofía actual de producto señalaron que el nuevo modelo podría servir para ambos fines. Es decir, funcionar como vehículo para conductores humanos hoy, pero también alinearse con una arquitectura pensada para una eventual operación autónoma.
Ese empleado no confirmó ni negó detalles sobre un vehículo específico. Sin embargo, dijo que, en general, Tesla ahora busca construir modelos que puedan ser sin conductor, pero que también ofrezcan una opción de conducción humana. La lógica sería pragmática: no todos los mercados aceptarán pronto vehículos sin volante ni pedales.
Según esa misma explicación, aunque la compañía apunta a una autonomía total en toda su gama, reconoce que muchos mercados globales no tendrán una adopción significativa ni aprobación regulatoria para vehículos sin conductor durante años. Mantener la opción de fabricar un modelo con o sin controles de manejo permitiría vender más unidades y sostener una mayor utilización de sus fábricas.
Ese punto importa porque Tesla ya opera solo un pequeño número de robotaxis en Austin, Texas, y muchos de ellos todavía cuentan con monitores humanos de seguridad sentados en el puesto del pasajero. La distancia entre la narrativa pública y el despliegue comercial masivo sigue siendo uno de los grandes temas alrededor de la empresa.
Al mismo tiempo, Tesla asegura que planea comenzar este mes la producción del Cybercab, un robotaxi de dos puertas presentado como concepto en 2024, sin pedales ni volante. Sin embargo, todavía no está claro cuándo ese vehículo saldrá a la venta o se integrará a una flota de robotaxis operada por la propia compañía.
Un portavoz de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras dijo que la empresa no ha solicitado la exención federal necesaria para vender un vehículo sin volante ni pedales. Ese dato refuerza la percepción de que, pese al entusiasmo bursátil, la hoja de ruta regulatoria aún presenta obstáculos importantes.
Mercado, valoración y presión competitiva
En el plano financiero, la apuesta de Tesla por robotaxis y robots humanoides ha ayudado a sostener una valoración extraordinaria. La capitalización de mercado de la compañía ronda los USD $1,3 billones, una cifra muy superior a la que sugieren sus fundamentos financieros, incluso frente a otras tecnológicas de alto crecimiento.
Los inversionistas aprobaron el año pasado un paquete de compensación para Musk que podría otorgarle hasta USD $1 billón en acciones de Tesla, sujeto al cumplimiento de una serie de objetivos de producto y financieros. Eso eleva todavía más la presión por entregar resultados tangibles en nuevos vehículos y en la agenda de autonomía.
Mientras tanto, la competencia no se ha quedado quieta. En China, los rivales de Tesla ya habían comenzado a fabricar vehículos eléctricos mucho más baratos desde antes de que el proyecto de USD $25.000 fuera descartado. Esa presión competitiva explica por qué cualquier indicio de un nuevo modelo asequible despierta tanta atención dentro y fuera del sector automotor.
Por ahora, la compañía no respondió a solicitudes de comentarios sobre sus planes para este nuevo vehículo. Además, la propia historia de Tesla aconseja cautela. La empresa ha iniciado desarrollos de productos que terminaron retrasados o directamente cancelados, como ocurrió con el deportivo Roadster y el camión Semi, ambos mostrados como conceptos en 2017 pero aún sin una producción masiva consolidada en el caso del camión, y sin producción del deportivo.
En consecuencia, el nuevo SUV compacto todavía debe verse como un proyecto en evolución y no como un lanzamiento confirmado. Aun así, su sola existencia sugiere que Tesla sigue buscando una fórmula para equilibrar dos narrativas que hoy conviven con tensión: la promesa de un futuro totalmente autónomo y la necesidad presente de vender más autos eléctricos a conductores reales.
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