Una nueva encuesta de la Universidad de Quinnipiac expone una contradicción cada vez más visible en Estados Unidos: más personas usan herramientas de inteligencia artificial para estudiar, trabajar e investigar, pero la confianza en sus resultados sigue siendo baja y el temor por el impacto laboral, la opacidad empresarial y los centros de datos va en aumento.
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- El 76% de los estadounidenses dice que confía en la IA rara vez o solo a veces, mientras apenas el 21% afirma confiar en ella la mayor parte del tiempo o casi siempre.
- Solo el 27% asegura no haber usado nunca herramientas de IA, frente al 33% registrado en abril de 2025, lo que confirma un avance de la adopción.
- El 70% cree que la IA reducirá las oportunidades laborales y el 65% se opone a construir centros de datos de IA en sus comunidades.
La inteligencia artificial sigue ganando terreno en la vida cotidiana de los estadounidenses, pero ese avance no está acompañado por un aumento proporcional de la confianza pública. Por el contrario, una nueva encuesta sugiere que el uso crece al mismo tiempo que se profundiza la cautela sobre la precisión de los resultados, el efecto en el empleo y la falta de transparencia de las empresas y del gobierno.
El sondeo, divulgado el lunes por la Universidad de Quinnipiac, retrata una relación ambivalente con la IA. Muchas personas la usan para investigar, escribir, hacer tareas escolares o laborales y analizar datos. Sin embargo, una mayoría importante sigue viéndola con reservas y expresa más preocupación que entusiasmo.
Ese patrón no es menor. La IA ya no es un concepto lejano para el público general, sino una herramienta concreta que se integra en rutinas educativas y profesionales. Aun así, la encuesta muestra que familiaridad no equivale a confianza, y que la adopción puede avanzar incluso en un clima de fuerte incertidumbre social.
Más uso cotidiano, pero confianza limitada
De los casi 1.400 estadounidenses consultados, más de tres cuartas partes dijeron que no confían plenamente en la inteligencia artificial. En concreto, el 76% respondió que confía en ella rara vez o solo a veces. En contraste, apenas el 21% señaló que confía en la IA la mayor parte del tiempo o casi todo el tiempo.
Ese dato contrasta con la expansión del uso diario. Solo el 27% afirmó que nunca ha utilizado herramientas de IA, frente al 33% registrado en abril de 2025. En otras palabras, más personas están incorporando estos sistemas a su vida habitual, aunque sin una convicción clara sobre la calidad o fiabilidad de lo que producen.
La encuesta también identifica para qué se usa la tecnología. El 51% dijo que emplea la IA para investigación, mientras que muchos otros la utilizan para redactar textos, apoyar tareas laborales y realizar análisis de datos. Eso refuerza la idea de que la IA se está convirtiendo en una capa funcional dentro del trabajo intelectual cotidiano.
Chetan Jaiswal, profesor de informática en Quinnipiac, resumió esa tensión con una frase elocuente. Según explicó, la contradicción entre uso y confianza es llamativa: los estadounidenses están adoptando la IA, pero lo hacen con profunda vacilación, no con profunda confianza.
Poco entusiasmo y mucha preocupación por el futuro
Parte de esa desconfianza parece estar vinculada a una percepción más amplia sobre los riesgos de la IA. La encuesta encontró que solo el 6% de los participantes estaba “muy entusiasmado” con esta tecnología. En cambio, el 62% dijo sentirse poco entusiasmado o nada entusiasmado.
Cuando se mide la preocupación, las cifras cambian de manera drástica. El 80% se declaró muy preocupado o algo preocupado por la IA. Entre los grupos etarios, los millennials y los baby boomers encabezaron el nivel de inquietud, seguidos de cerca por la generación Z.
En la práctica, eso se traduce en una visión predominantemente negativa sobre el impacto futuro de estas herramientas. Una sólida mitad, el 55%, considera que la IA hará más daño que bien en su vida cotidiana. Solo un tercio piensa que hará más bien que daño.
Los investigadores señalaron que, frente al sondeo del año anterior, más personas expresan ahora opiniones negativas sobre la IA. Ese giro ocurre después de un año marcado por despidos en Big Tech, casos de psicosis vinculados a IA con consecuencias fatales y preocupaciones crecientes sobre el consumo energético de los centros de datos.
Empleo, generación Z y el temor a una economía más dura
Uno de los puntos más sensibles de la encuesta es el mercado laboral. La mayoría de los estadounidenses cree que el avance de la IA reducirá las oportunidades de trabajo. El 70% sostiene que los progresos en esta tecnología disminuirán la cantidad de empleos disponibles, mientras solo el 7% cree que generarán más oportunidades laborales.
La comparación anual acentúa el cambio de ánimo. El año pasado, el 56% pensaba que la IA llevaría a una reducción del empleo, y el 13% creía que podría aumentarlo. La tendencia actual revela un deterioro claro en las expectativas sobre el efecto económico de la automatización y de las herramientas generativas.
La generación Z, integrada por personas nacidas entre 1997 y 2008, aparece como el grupo más pesimista. El 81% prevé una disminución de los empleos. Ese dato es llamativo porque también se trata del segmento con mayor familiaridad con estas herramientas, lo que sugiere que conocer la tecnología de cerca no necesariamente alimenta una visión optimista.
Tamilla Triantoro, profesora de analítica de negocios y sistemas de información en Quinnipiac, afirmó que los estadounidenses más jóvenes reportan la mayor familiaridad con las herramientas de IA, pero son los menos optimistas sobre el mercado laboral. A su juicio, la fluidez en IA y el optimismo están moviéndose en direcciones opuestas.
La encuesta conecta ese pesimismo con una realidad económica concreta. Las ofertas de trabajo de nivel inicial en Estados Unidos han caído un 35% desde 2023. Además, líderes del sector, como el CEO de Anthropic, Dario Amodei, ya han advertido públicamente que esta tecnología eliminará puestos de trabajo.
Aun así, la percepción cambia cuando la pregunta se traslada del mercado general al empleo personal. Entre los estadounidenses con trabajo, el 30% está preocupado por la posibilidad de que la IA vuelva obsoletos sus puestos. Aunque esa cifra es significativa, sigue por debajo del temor expresado sobre el conjunto de la economía.
También aquí hubo un aumento frente al año anterior, cuando el 21% decía temer por su cargo específico. Para Triantoro, esto revela que los estadounidenses están más preocupados por lo que la IA pueda hacerle al mercado laboral que por lo que pueda hacerle a sus propios trabajos, una diferencia que vale la pena observar a medida que la tecnología avanza dentro de las empresas.
Centros de datos, transparencia y regulación
El rechazo no se limita al software o al empleo. La infraestructura física que sostiene la expansión de la IA también despierta resistencias. El 65% de los encuestados dijo que no querría un centro de datos de IA en su comunidad, citando principalmente los altos costos de electricidad y el uso de agua.
Ese punto es relevante porque la carrera por ampliar la capacidad computacional está intensificando el debate sobre consumo energético, redes eléctricas y presión sobre recursos locales. Para muchos ciudadanos, la promesa tecnológica de la IA empieza a verse también como una carga material que puede afectar su entorno inmediato.
La desconfianza se extiende, además, a quienes desarrollan y supervisan la tecnología. Dos tercios de los encuestados consideran que las empresas no están haciendo lo suficiente para ser transparentes sobre su uso de la IA. La misma proporción cree que el gobierno tampoco está haciendo lo suficiente para regularla.
Ese sentimiento aparece en un momento de disputa política sobre quién debe fijar las reglas. Mientras varios estados buscan preservar su autoridad para establecer normas sobre IA, funcionarios federales y líderes de la industria han defendido limitar la regulación estatal. El artículo de TechCrunch sitúa este debate en el contexto del marco de IA impulsado por Donald Trump, descrito como mayormente de intervención mínima.
La conclusión de Triantoro resume el tono general del estudio. A su juicio, los estadounidenses no están rechazando la IA de forma absoluta, pero sí están enviando una advertencia: hay demasiada incertidumbre, muy poca confianza, muy poca regulación y demasiado miedo por los empleos.
Para los mercados tecnológicos, esta brecha entre uso y confianza puede convertirse en un dato decisivo. La IA sigue expandiéndose como herramienta de productividad, pero su legitimidad social no está asegurada. Y sin esa legitimidad, el debate sobre regulación, infraestructura, empleo y poder corporativo solo parece destinado a intensificarse.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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