El CEO de Nvidia, Jensen Huang, aseguró que la compañía probablemente no hará más inversiones en OpenAI ni en Anthropic, argumentando que cuando ambas salgan a bolsa “la oportunidad se cierra”. Pero, entre acusaciones de acuerdos circulares, tensiones políticas y un giro brusco en la popularidad de Claude frente a ChatGPT, el repliegue de Nvidia parece responder a un tablero mucho más complejo.
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- Jensen Huang dijo en una conferencia de Morgan Stanley en San Francisco que las inversiones recientes de Nvidia en OpenAI y Anthropic probablemente serán las últimas.
- El argumento oficial se apoya en la proximidad de las IPO, pero surgen dudas por posibles acuerdos “circulares” y por fricciones políticas que afectan a Anthropic y al ecosistema.
- Mientras Anthropic enfrenta un veto federal y OpenAI anuncia un acuerdo con el Pentágono, Claude escaló al primer lugar de apps gratis en EE. UU., superando a ChatGPT.
🚨 Nvidia se retira de OpenAI y Anthropic 🚨
Jensen Huang, CEO de Nvidia, afirma que las inversiones en ambas empresas probablemente llegan a su fin.
A medida que se acercan las IPO, el capital se cierra.
En medio de tensiones políticas y la competencia entre Claude y… pic.twitter.com/EgSHbRJVLk
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) March 5, 2026
Nvidia podría estar a punto de cerrar el grifo de capital hacia dos de las startups más influyentes de la inteligencia artificial. En la conferencia de Tech, Media y Telecom de Morgan Stanley, realizada el miércoles en el centro de San Francisco, el CEO Jensen Huang afirmó que las inversiones recientes de su empresa en OpenAI y Anthropic “probablemente” serán las últimas en ambas.
La explicación pública de Huang fue concreta: una vez que estas compañías salgan a bolsa, como se anticipa para más tarde este año, “la oportunidad para invertir se cierra”. A primera vista, el mensaje sugiere un criterio práctico de inversión en etapas tardías y un cambio natural de fase para empresas que se encaminan a una IPO.
Sin embargo, el retroceso llega en un momento en que OpenAI y Anthropic atraviesan tensiones comerciales, políticas y reputacionales. La situación también deja a Nvidia en una posición incómoda: con participaciones en dos actores que hoy parecen empujar el mercado en direcciones distintas y, potencialmente, arrastrar a clientes y socios en el proceso.
Lo que dijo Huang y el silencio corporativo de Nvidia
El planteamiento de Huang no vino acompañado de un desglose detallado sobre qué condiciones cambiarían o qué métricas internas guiarían la decisión. Aun así, su comentario colocó un marco temporal claro: el camino a la bolsa como punto final para este tipo de inversiones en OpenAI y Anthropic.
Desde el punto de vista financiero, la decisión podría parecer razonable. Algunas firmas persiguen rondas privadas hasta casi la víspera de una IPO para capturar un tramo extra de valorización, pero Nvidia ya obtiene beneficios sustanciales por otra vía: la venta de los chips que impulsan el cómputo de IA que demandan estas compañías.
Tras las declaraciones, la empresa no amplió mucho más el contexto. Un portavoz remitió a una transcripción de la llamada de ganancias del cuarto trimestre, donde Huang había dicho que todas las inversiones de Nvidia están “muy enfocadas y estratégicamente dirigidas a expandir y profundizar nuestro alcance en el ecosistema”. Bajo esa lógica, inversiones pasadas en OpenAI y Anthropic ya habrían cumplido el objetivo.
Aun con esa explicación, el argumento de que “la ventana se cierra” por una IPO resulta difícil de reconciliar con cómo opera, en la práctica, la inversión privada de etapas tardías. Por eso, el repliegue alimenta la lectura de que Nvidia estaría buscando salir de un entramado que se volvió más complejo en poco tiempo.
Acuerdos circulares y el fantasma de una burbuja de inversión
Una de las dinámicas que explicaría el giro es la “circularidad” de ciertos acuerdos. Según reportó TechCrunch, cuando Nvidia anunció por primera vez que invertiría hasta USD $100.000 millones en OpenAI en septiembre pasado, el profesor Michael Cusumano, de MIT Sloan, describió al Financial Times ese tipo de estructura como “una especie de lavado”.
La crítica apuntaba a un circuito donde Nvidia invierte en acciones y, al mismo tiempo, OpenAI compra masivamente hardware. En términos simples, el flujo de capital y el flujo de gasto podrían retroalimentarse y dar una apariencia de fortaleza financiera que depende del mismo proveedor que financia.
El mercado ya había visto señales de moderación en ese compromiso. La inversión que Nvidia cerró la semana pasada como parte de la ronda de OpenAI por USD $110.000 millones fue de USD $30.000 millones. Esa cifra quedó muy por debajo de la promesa previa de “hasta” USD $100.000 millones, un contraste que reavivó la pregunta sobre el tamaño real del apetito inversor.
Huang también descartó otra teoría popular: que existiera “mala sangre” entre Nvidia y OpenAI. La calificó de “ridícula”. Aun así, la combinación de compromisos ajustados y preocupaciones por burbuja de inversión deja espacio para pensar que Nvidia quiere reducir riesgos sin romper públicamente relaciones estratégicas.
Anthropic: de la tensión pública a un veto federal
Si el caso de OpenAI se explica por finanzas y estructuras de mercado, la historia con Anthropic agrega fricción política y reputacional. Solo dos meses después de que Nvidia anunciara una inversión de USD $10.000 millones en noviembre, el CEO de la empresa, Dario Amodei, subió al escenario en Davos y lanzó una comparación explosiva.
Sin mencionar directamente a Nvidia, Amodei comparó que empresas estadounidenses de chips vendan procesadores de IA de alto rendimiento a clientes chinos aprobados con “vender armas nucleares a Corea del Norte”. El comentario golpeó un punto sensible: el rol del hardware de IA en el equilibrio geopolítico y el control de exportaciones.
En retrospectiva, esa polémica fue apenas el inicio. Hace solo unos días, la administración Trump colocó a Anthropic en una lista negra. La medida prohíbe a agencias federales y contratistas militares usar su tecnología, después de que la empresa se negara a permitir que sus modelos fueran utilizados para armas autónomas o vigilancia masiva doméstica.
Para Nvidia, esto complica el valor estratégico de mantener exposición accionaria. La empresa no solo abastece el cómputo del sector, también depende de estabilidad regulatoria y de relaciones fluidas con clientes corporativos y públicos. Un socio con restricciones federales puede convertirse en un foco de incertidumbre para quienes construyen productos y contratos alrededor de esa tecnología.
OpenAI, el Pentágono y el giro en popularidad de Claude frente a ChatGPT
El contraste entre OpenAI y Anthropic se volvió más marcado tras los anuncios consecutivos en torno al sector defensa. En cuestión de horas después del anuncio del veto a Anthropic, OpenAI informó que había alcanzado su propio acuerdo con el Pentágono.
Anthropic reaccionó con dureza y calificó ese movimiento de OpenAI como una “mentira flagrante”. Según el reporte, el público pareció interpretar la controversia en una línea similar, al menos si se toma como termómetro el comportamiento de las descargas en iPhone.
Dentro de las 24 horas posteriores a esos anuncios, Claude, la app asociada a Anthropic, escaló a la cima de los rankings de aplicaciones gratuitas en la App Store de Estados Unidos, superando a ChatGPT. El salto fue notable si se compara con el cierre de enero, cuando el modelo estaba fuera del top 100, de acuerdo con datos de Sensor Tower citados por TechCrunch.
Este cambio en tracción de producto ocurre mientras Nvidia mantiene participaciones en ambas compañías. En un mercado donde la narrativa, la regulación y el uso gubernamental pesan tanto como la tecnología, dos socios con estrategias públicas tan distintas pueden generar tensiones indirectas para proveedores, integradores y clientes que intentan elegir plataformas con menor riesgo.
Qué implica para el ecosistema de IA y para los mercados
Para lectores nuevos en el tema, conviene subrayar que Nvidia no es solo una empresa de chips. Sus GPU se han convertido en infraestructura central para entrenar y ejecutar modelos de IA a gran escala. Eso le da un rol doble: vendedor de “picos y palas” del boom de IA y, a la vez, inversionista en compañías que consumen esos mismos recursos.
Ese doble rol puede verse como estrategia legítima de construcción de ecosistema, tal como la compañía ha defendido. También puede atraer suspicacias cuando el mercado teme una burbuja, porque las valuaciones privadas y el gasto en hardware se alimentan mutuamente. En ese contexto, un repliegue selectivo puede ser una forma de reducir exposición reputacional sin afectar el negocio principal.
El argumento de Huang sobre la IPO deja preguntas abiertas, porque la inversión privada de etapas tardías no desaparece por completo solo porque una empresa se prepare para cotizar. Por eso, la explicación pública suena más a una justificación simple para una salida ordenada, que a una restricción real del mercado.
Al final, Nvidia parece buscar una línea clara: seguir capitalizando el auge de la IA desde la venta de hardware, mientras limita el riesgo de quedar atrapada en disputas entre socios, controversias con gobiernos y señales de sobrecalentamiento en rondas gigantescas. Si esa lectura es correcta, el repliegue no habla de menos ambición, sino de un control más estricto del tipo de exposición que la compañía está dispuesta a sostener.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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